Por qué en las zonas desérticas se forman pocas nubes Imprimir
Escrito por Administrator   
Viernes, 06 de Julio de 2018 07:00

Uno de los problemas más acuciantes a los que se enfrenta el medio ambiente es la deforestación, que favorece el avance de desiertos en todo el mundo, que son ecosistemas muy pobres desde una perspectiva de flora y fauna, lo que dificulta todavía más que estos espacios puedan ser aptos para la vida. Tradicionalmente se había pensado que en esas áreas desérticas era la ausencia de lluvias la que causaba la ausencia de vegetación. Sin embargo, cada vez se tiene mayor certeza de que, en realidad, es la ausencia de masas forestales densas la que provoca la falta de lluvias, ya que los bosques se presentan como uno de los principales reguladores del clima de nuestro planeta. Si quieres saber por qué en las zonas desérticas se forman pocas nubes, y entender la importancia que las masas de plantas y árboles tienen a la hora de regular la presencia o ausencia de la lluvia, sigue leyendo.

 

¿Qué son y de dónde salen las nubes?

Cuando nos preguntamos por la formación de las masas nubosas, la principal respuesta que encontramos está en el mar. El agua del mar y los océanos se evapora por efecto del calor, asciende a la atmósfera y, cuando se enfría se condensa y se precipita en forma de lluvia o nieve, dependiendo de la temperatura concreta del lugar en el que caiga. A continuación, el agua de las precipitaciones llega a los ríos, donde continúa su curso natural hasta retornar al mar y, de esta forma, el ciclo comienza de nuevo. Aunque también el agua de los ríos, lagos y lagunas se evapora y asciende, pero la gran cantidad de agua que forma las nubes y la lluvia proviene de mares y océanos.

Según este sistema, las nubes podrían llegar hasta los desiertos y depositar en ellos agua del mismo modo que lo hacen en otras regiones y, a pesar de ello, los hechos demuestran que esto no sucede de este modo. Esto se debe a que, a pesar de que la evaporación del agua del mar es la principal causa de la formación de las nubes, existen otros factores que también influyen en dicha formación y, además, también en los lugares en los que se deposita el agua en forma de precipitaciones.

Qué hace falta para que llueva

Lo primero que hay que tener en cuenta para que llueva es la presencia de nubes. Como hemos visto, el agua de las nubes procede, al menos en su mayoría, del agua del propio mar, que se evapora por efecto del calor y asciende a la atmósfera. Sin embargo, aquí es donde hay que tener en cuenta un factor que resulta determinante para que llueva: la presencia de bosques.

Los bosques influyen para atraer las nubes y las lluvias, y este es un factor determinante, ya que actúan enfriando la atmósfera cercana. Hay que tener en cuenta que los árboles absorben CO2 del aire, utilizan el átomo de carbono para su estructura, y devuelven O2 (oxígeno) a al atmósfera. En otras palabras, lo que hacen es retirar del aire una de las principales moléculas que causan el calentamiento global y, en consecuencia, enfrían el ambiente y la atmósfera cercana. Esto hace que, cuando el agua de la atmósfera llega a estas zonas pobladas con amplias masas de bosques, se enfríe con mucha más facilidad y, en consecuencia, se forman nubes que serán las que darán lugar a las lluvias. Con lo que vamos a encontrar con que las precipitaciones más abundantes se van a localizar en zonas de altas densidades boscosas.

Además, a esto hay que añadir otro factor importante, que es que los propios bosques liberan agua al ambiente, lo que contribuye todavía más a la formación de nubes y a que las lluvias tengan una mayor presencia en estas áreas.

Entonces, ¿por qué en los desiertos hay pocas nubes?

Teniendo en cuenta lo explicado en el apartado anterior, es decir los requisitos para que se formen nubes y lluvia de forma natural, vemos que de este modo, en los desiertos no pueden formarse nubes con facilidad y, por tanto, tampoco llover apenas. Los motivos concretos de por qué en las zonas desérticas se forman pocas nubes es que se junta la ausencia de bosques que liberen agua al ambiente con el hecho de que las concentraciones de CO2 son más elevadas, lo que conlleva que sean zonas especialmente complicadas para se formen nubes.

Entonces, ¿en los desiertos no llueve nunca?

A pesar de lo que pueda parecer, en los desiertos sí que se dan algunas precipitaciones. Sin embargo, al no existir los factores mencionados con anterioridad, que se formen nubes y que descarguen precipitaciones en los desiertos es una probabilidad muy baja. No obstante, cuando esto sucede, suelen ser lluvias especialmente copiosas y que, de hecho, suelen ser especialmente dañinas para el entorno.

Hay que tener en cuenta que la ausencia de vegetación también conlleva un suelo más pobre. Las raíces de los árboles y demás plantas contribuyen a que el suelo sea más firme. En los episodios en los que se producen abundantes lluvias en los desiertos, las consecuencias suelen ser flujos de agua que se desplazan de forma torrencial y que conllevan una erosión muy elevada de la superficie. De esta forma, estas lluvias terminan arrastrando todo lo que encuentran a su paso. Además, debido a que no existe una vegetación que pueda servir de sustento para esa agua, la mayor parte de la misma se perderá, con lo que pasados los períodos de inundaciones más graves se volverá a la situación inicial de sequía propia de los ecosistemas desérticos.

De este modo, nos encontramos con que la principal forma de luchar contra la degradación de los suelos y contra las sequías pasa por incrementar la masa forestal. Esto se convierte en algo especialmente importante en zonas limítrofes con el desierto, ya que lo más común, si no se hace nada por remediarlo, es que un suelo pobre en flora permita que el desierto avance y, con él, también la ausencia de nubes y de lluvias que lo caracteriza.

 

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